La comunicación con nuestros semejantes

Comunicarse no se reduce sólo a hablar, hacer oír, responder, escuchar. Es algo más complicado que actúa desde el mismo fondo de la propia interioridad. Comunicarse significa haber conseguido dialogar con uno mismo, y más tarde haber quedado predispuesto a hacer otro tanto con los demás.

Desde lo más íntimo del hombre surgen las voces que sugieren la más perfecta forma de lograr las relaciones. Una discusión bien llevada y fecunda es una batalla. En ella cada cual trata de sacar partido de sus argumentos, ceder, conceder, triunfar, vencer. Todo esto se logra por medio de una estrategia y con el auxilio de tácticas propicias para llegar a un acuerdo.

Acuerdo que no es otra cosa que una especie de posición común que podrán en adelante defender juntos. Siempre hay que discurrir hacia un camino que nos conduzca a admitir al otro.

El único cuidado que tendremos que tener consistirá en vigilar atentamente la gestión de los mecanismos de resistencia. DE esta manera, las relaciones y los contactos con los demás podrán mejorar y multiplicarse notablemente.

En el duro trasiego del camino dialéctico, el mayor poder vendrá dado por los afectos. Esto resulta ser así porque los hombres somos en realidad más sentimiento que intelecto.

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